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viernes, 17 de febrero de 2012

Quizás es momento de caminar

Siempre fue radiante pero hoy lo estaba más. Cansada, entaconada y perfecta, logró caminar las cinco cuadras que separan su casa de la oficina con un nuevo aire en el rostro. Sí, éste había sido un tiempo duro, al igual que muchos, y pese a que siempre supo como controlarlos éste al parecer le había quedado grande.

Y es que la ventolera fue tal que había desordenado absolutamente todo. Su vida, su aire, su calma, sus cosas. Recuerdos y demases se agolpaban contra el piso, y el terremoto había sido tan fuerte en el piso once, donde se ubicaba su departamento, que había botado todo aquello que un día guardó. Cartas, fotografías y regalos, que con el paso del tiempo olvidó.  Era necesario parar, aunque no siempre se sabe cuál es la forma correcta. Y fue ahí donde empezó el pánico.

Fue ahí donde detenerse se convirtió en una premisa que la llevó a tapiar ventanas, no sin antes refugiarse en sí misma para sacar algo en limpio. Ejecutiva como muchas, sabía que la "causa y efecto" lograban sacar de una crísis cientos de oportunidades. Dicho y hecho, esto fue aplicado y sus largas uñas de manicure perfecta comenzaron a escribir una línea.


Eran las tres de la mañana y comenzaba su tarea. Sentada frente al ordenador, no hacía más que llorar. El desorden de su casa no fue un impedimento para realizar la tarea desde hace tantos años pospuesta. Era el tipo de momento de esos que, cuando llegan, no aceptan excusa que valga con tal de comenzar.


"Querido papá..." empezó escribiendo, para comenzar a vomitar sentimientos en una pantalla. Dolor, desamparo, tristeza y viejos recuerdos fueron dando vida a una hermosa carta que él ya no leería. El había partido hace varios años, pero ese ejercicio logró hacerla sentirlo aún tan cerca como antes.


Cinco de la mañana, la carta estaba terminada. Fue entonces que con los ojos hinchados y pañuelos desechables repartidos por todo su escritorio sonrío. Tomó su computadora, la cerró y fue en busca de pala y escoba. Limpió todo con su rapidez característica, armó una maleta y echó todo lo necesario. Escribió un correo electrónico a sus jefes y miró hacia el cielo confiada. "Quizás es momento de caminar", dijo.  Tomó la mano de su padre, como cuando era pequeña, abrió la puerta y salió.

domingo, 13 de marzo de 2011

Que hasta el silencio se quede callado

Contaron hasta tres y pararon ese ruido. Como una broma, un experimento, o el presentimiento porfiado de que algo bueno saldría de ello. Carcajadas que estallaban en silencio, y ansiedad descontrolada por saber que sucedería. Nunca antes hubo fenómeno semejante en la historia.
Apretaron un botón, y raudamente el ruido se fue callando. Una a una las luces se apagaron, los semáforos no funcionaron, las bocinas de los autos quedaron mudas. Los perros no ladraron asustados, fascinados quizás por el espectáculo que comenzarían a presenciar.
Estrellas que brillaban exuberantes, y una luna llena tremenda, que lucía con más fuerza, para que no fuera necesario achinar los ojos para mirar.

Fue de noche, a las diez. Un viernes como todos los demás, cuando terminaba un verano igual a todos los veranos anteriores.

La gente quiso encender su celular, pero toda batería estaba muerta. Los laptop no funcionaron, y ni hablar de los teléfonos públicos, cada vez más escasos en las principales avenidas. La gente quiso encontrar una emisora de radio, que explicara lo que estaba pasando, pero ninguna lograba conectar. Era el día más especial, era el día de quedarse callados.

El cielo se nubló y los ángeles empezaron a llorar. El Dios del trueno tronó en silencio y cayeron máscaras, miedos y carcazas.

La gente comenzó a correr despavorida. El silencio asusta y el recuerdo que trae por añadidura, mucho más.

Comenzó a escucharse soledad y promesas rotas, los sueños que no se cumplieron. Se oían en silencio las oportunidades que dejó pasar ese hombre de terno y corbata, al unísono con los amores rotos de esa muchacha de tacones rojos. El miedo a perder, el terror a ganar.
Todos huyendo, encerrados, agobiados. Nadie quiso escuchar, pero la nada siempre tiene alguna cosa que decir.
En un segundo paró la lluvia, comenzó el ruido una vez más. Las luces se encendieron, y quienes gritaban despavoridos retomaron su rumbo con normalidad. Conversaciones iban y venían, el vacío regresaba  y la verdad se iba esfumando.

lunes, 7 de febrero de 2011

Carta a un hombre de azul


Porque las ganas se convierten en ansiedad es que este camino comienza de cero. Sin ataduras, sin penas, sin cargas. Soy solo yo y mi mochila, que aliviano solamente de tu mano. Y aquí estoy de nuevo, golpeando la puerta, subiendo escaleras, pidiendo perdón por ser tan ingrata.
Yo creo que sabes a qué vengo. A ganarle, a tenerlo. A buscar la fórmula de borrar de un plumazo esos recuerdos que arañan y que parecen revivir mientras camino. Quitar situaciones que son sillas, de esas que me piden que me siente. Sacudirme el cansancio que me obliga a hacer un alto.
Ya lo sé, no debo parar. Este momento es mío y tengo que hacer camino.
¿Es que sabes? siento el tiempo tan esquivo, que pareciera no querer pasar nunca. Y es entonces que me aferro de tu brazo, y te siento aquí conmigo. Completamente azul, completamente mío.
Porque el tiempo me hace crecer en alma cuerpo y ganas, es que di ese salto que aún me tiene envuelta en vértigo. Miedo a caer, a que no haya agua al final del río, a quedar empapada y magullada entre las piedras. Miedo a sentir ese vacío.
Tú me miras orgulloso, yo te miro asustada. Me abrazas fuerte y me encaminas. Sabes que nada malo va a pasar. Me transmites tanta protección, tanto amor, tanta calma. ¿Cómo no amarte a cada segundo por quedarte conmigo en mis dudas hasta el alba?
Porque contigo todo es diferente, todo es claro, todo en luz. De tu mano todo es seguro, y te aseguro que ya no lo olvido nunca más. Porque te quedas, como el más perfecto de los guardianes. Porque me quieres, como la más perfecta de tus compañías.
Porque las ganas se convierten en ansiedad es que te miro ilusionada, con un cigarro en la mano, y rogándote para que este instante no se detenga. Porque rescataste mi vida de tanta pena, y hoy me tiendes la mano en lo que queda hacia la meta.
Porque las ganas se convierten en más ganas es que sueño con ganarle, sueño con tenerlo. Bendigo este proceso con rabia, para que la calma llegue luego, y me ayude a avanzar un paso más.
Porque todo tiene sentido si tú estás a mi lado, es que me quedo sentada a tu vera. En nuestra casita de cuentos de un bosque, donde me has leído hermosos cuentos, donde hemos tejido historias, y me has ayudado a moldear quien soy.

martes, 14 de septiembre de 2010

Pasatiempo raro


Las mañanas me ponen creativa sobre todo las que involucran viajes en metro " a la antigua" (sin apretujones ni transantiaguinismos por el estilo) y en mi horario actual poco hay de rutina y algo hay de mañanas.
09:00 y desayuno alguna cosa, que pretendo no se caiga en el camino. Los café con crema auguran algo también. Me recuerdan a Perú, a esas noches sin alcohol y sin dormir, al camineo excesivo y al constante no entender por qué no era felíz al cien con tan hermoso regalo.

Las mañanas y el café me recuerdan muchas cosas. Cerrémoslo en eso, para no acabar con la primera posibilidad que me doy de despertar despejada y no idiota, incluso por iniciativa propoia, antes de que suene el ringtone de Dawson's Creek que tengo como alarma.

Las mañanas me recuerdan a él, pero como dije que no hablaría más al respecto, lo dejaremos ahí.
Estación los Presidentes y yo me pregunto de qué presidente estamos hablando. Metro avanzando, yo escribiendo y la gente mirándome fijo. Cero disimulo y todas las ganas del mundo de saber que mierda hace esa chiquilla, tan flaca como el lápiz que sostiene. Lo siento, soy atípica y en esta era de Blackberries bien vale un papel que recibe el bailoteo de una romántica tinca Bic azúl.
Es raro, yo lo sé. Pero qué quiere que haga si no tengo nada que leer, nada que estudiar, nada en qué pensar. Qué quiere que le haga si me encanta escribir, contar y requete contar. Y justo ahora que me pasó algo grande no pretendo despreciar la oportunidad.

¿En qué iba? Ah sí, en que no me gustan las mañanas, porque recuerdo y produzco, en que quiero contar algo ahora que por fin pasó algo que puede ayudar a muchos otros que les haya pasado igual, que me gusta el café con crema porque recuerdo, y me carga por la misma razón. Que la gente del metro es muy mirona y que el vagón avanza raudo a destino.

Metro Plaza Egaña, y la gente se aburrió de mirar. Quizás esperaban una declamación o una acción de arte Bicentenaria. Pero no. Solamente tengo un pasatiempo raro.
Raro porque absolutamente nadie escribe en el metro,
raro porque es mi pasatiempo más antiguo, mi profesión y mi futuro.
Raro para el resto, porque para mi es extremadamente normal y necesario.
Aunque no por eso me cargan menos las mañanas.

martes, 3 de agosto de 2010


Cuesta volver a empezar. Y no lo digo con un tono existencialista, más bien de que cuando borraste algún dibujo nada es lo suficientemente bueno para parecer mejor que lo anterior.
Es cierto, pusiste alma, corazón y pan, como dijo Gervacio por ahí,y el resultado de un eventual desaliento es extremadamente desalentador. Sacaste la hoja y quedaron las marcas, los lápices siguen iguales pero la sensación de fracaso hace que todos te parezcan feos, sin punta y horrendos.


Escribir por ejemplo ha sido una de mis cruces en estos días de letargo, de limpieza y de desorden.No es sencillo que se te escapen las razones, no es muy fácil saber que no darás con ellas simplemente porque sabes lo que te conviene y prefieres partir en dirección contraria a donde solías encontrarlas. No es fácil revivir el lápiz y el teclado de un día para otro. Rayas, subrayas, escribes, borras; te aburres, cierras y no quieres dar lástima diciendo que es imposible escribir algo al respecto, pero te desespera sobremanera no tener algo que decir.

Pero como dicen por ahí, los círculos se rompen cuando se rompen...

Y aquí me veo balbuceando, intentando, subrayando. Mi genialidad - si es que la tengo - volverá de a poquito, sin prisas y si apuros.

Por mientras puedes seguirme, por mientras entra en mi vida y cuéntame historias que me hagan sonreír. Sé que juntos llegaremos a puerto, y ¿Quién sabe? si mi próximo post haga el honor al resto de los que algún día he publicado, y por supuesto, publicaré en ese futuro que me huele más a presente.

martes, 29 de diciembre de 2009

De corbata, chaqueta y guitarra


Todavía lejos
todavía cerca..
felíz cumpleaños!
Corbata y chaqueta perdida en los días. Se quiebra en calor y sal, amontonando sueños de lucha y melodías, tan soñados que se le fueron olvidando con el tiempo. Roncola en mano, acaricia un cigarro, cuando le dan las siete de la tarde y puede volver al improvisado sitio que todavía no logra llamar casa.

Mar en frente, sal en el alma, ojos cerrados, cosas que hacer y cabeza corriendo en el último de Borges, en el acorde de Silvio, en la ocurrencia de Sabina y en los números que se agolpan en sus sienes.
Y canta. Siempre canta porque la vida se le hace simple, más bella, o por lo menos algo más llevadera. ¿Qué se yo de razones?
Sólo se que lo miro y me pierdo, derritiendo el alma en cada acorde, rogándole a alguien que no deje que ese instante termine algún día.

Canta y canta mientras yo lo espero, cinco regiones más lejos, con el pecho apretado de ganas, de hacer melodía otro de mis escritos baratos.

Cuando llega todo se vuelve música. Cierro los ojos y mi suerte se enamora. Una vez por cada canción, una vez por cada nota.
Mar en frente, sal en el alma, creo que desde que lo conozco tengo algo de eso también. Corbata y chaqueta perdida en los días, se le pasa la vida en un Norte escondido. A mi se me pasan soñando, con que cuando lo vea me volveré a perder en su guitarra.






miércoles, 9 de diciembre de 2009

Tenía razón


Me dijo que no quería, que no caminaba más hacia ese lado. Que se cambiaba de casa, de teléfono, de Facebook, de planeta. Que no quedaba aire dentro de la burbuja en que vivimos, y que era posible que hasta la historia de Romeo y Julieta había terminado en algún Tribunal de Familia. Que Diego Rivera hizo bien en joder tanto a Frida y que el amor era cosa de tontos.

Tenía razón, no hubo mucho que rebatirle.

Me dijo que sí me amaba, pero que no se quedaría esperando milagros. El milagro de que yo creyera que los milagros hoy llegaban a la puerta de la casa, después de elegirlos en un catálogo. El milagro de que yo corriera hacia sus brazos a decirle cuanta burrada rosa, o quizás el de sentirme cerca siempre, y no metida en su cama pensando en alguien más.

Tenía razón, el milagro no llegaría.

Cerró el discurso, cerré la puerta. Cerró los ojos para besarme por última vez y yo lo encontré innecesario. Tomé mis cosas, sonreí burlona, mientras también me retiraba de la escena. El cuarto quedó vacío.
Tenía razón, esto se terminaba, y a mi realmente me importaba un carajo

jueves, 26 de noviembre de 2009

Despedirse es triste...


"Despedirse es triste", dijo cuando terminó esa conversación, y antes de dar media vuelta logré decirle que caminar es peor.

Contradígame el que quiera, porque sé que no hay quien se atreva, si es que ha caminado en dirección contraria a eso que tanto amó. Puños apretados, detenido en el primer paradero, y el más lejano a eso que le dijiste adiós.

No hay nada más triste que el día siguiente, cuando despiertas y no encuentras nada. Cuando el recuerdo se te pega a la piel como una resaca de lunes y te tapas los ojos para que la cabeza no se parta de memoria.

El mundo sigue girando, y nunca nada te ha dolido tanto.

Que el metro cierre sus puertas, sin que el chofer pregunte por qué caminas más lento.

Que el trabajo se amontone en tu escritorio y que nadie le escriba notas graciosas con un lápiz de color.

Que el día termine y no haya más abrazo, ni el vaivén de su cintura o un olor pegado a tu ropa.


Parecieras verlo en la calle, en el cine e incluso aunque te cambies de ciudad. Todo te recuerda lo bueno y ya no ríes porque te despediste, y el masoquismo de evocar no va contigo.


El cafe se pone amargo, el recuerdo tiene frío y las noches son días interminables de cien años cada una. Ninguna noticia importa, y te tumba mucho más saber que tiene nueva novia a que el recorte de Personal te tiene en la mira para el mes siguiente.

Te vuelves humano en dos segundos, y eso duele...

Por eso cuando dijo que "despedirse es triste" pude decirle que no. Pero se me olvidó contarle lo triste que será todo este tiempo, desde que nos despedimos, hasta que se me ocurra poder olvidar...




sábado, 7 de noviembre de 2009

Buenos aire 2000 y tanto....

Aunque no conozco Buenos Aires te invitaría aun a dar un paseo,
Obelisco y sus orillas te recuerdan en ese cuento que inventé hace tanto, para convencerme de que en sueños te tenía.
Golpes de suerte en ideas inconclusas, en esperas esperadas, que desesperanzan hasta al más esperanzado.
Aunque no conozco Buenos aires, el sueño se quedó flotando aquí en santiago, desde ese día... y te recuerda en un texto tan añejo como lo que se agolpa entre San Telmo y sus avenidas.



Aunque no conozco Buenos Aires, sé que será la ciudad perfecta para caminarla un rato. Cuando caiga la lluvia, como nos gusta tanto, tal como esa canción añeja de los Stones, que nunca supe memorizar. Caminaríamos por San Telmo, tal y como caminamos una vez por La Alameda, en esa época. Miradas nerviosas, coqueteos tontos, sintiéndome una niña, entregándote, sin querer, algo más de lo prudente. En una de esas, tomados de la mano aunque no me gusta. Tú abrazándome la cintura, cuidando que no me moje demasiado. Yo, callada como nunca, para que no se escape un "te quiero" sin haberlo pensado antes unas mil veces. Tú riéndote de mí con esos dientes chicos, mientras yo sigo hablando tanta tontera, que digo cuando quiero decir lo importante, cuando no me sale decir lo que siento. Cuando no quiero hablar y prefiero hacerlo, para darme el tiempo prudente de escaparme.
Me contarías por qué River es más famoso que Boca, y magistralmente fingiría que me interesa. En vano me convencerías de ver juntos un partido, y yo trataría, entre beso y beso, de explicar por qué siempre es jueves en la Plaza de Mayo para Serrano.
Aunque no conozco Buenos Aires, sé que tomaríamos Mate, y un par de cervezas o Fernet con Coca Cola. Te acostarías tan tarde como cuando estás conmigo en alguna fiesta, y yo te diría, que algo de encanto tienen los cambios, aunque siempre te preferí menos noctámbulo. O quizás no, y luego de una tarde de paseo, preferiría quedarme dormida entre tus brazos, después de una noche loca, en un hotel o en playas imaginadas.
Intentarías enseñarme a bailar tango, y yo recordaría que alguna vez fui bailarina para darte en el gusto. Cantaríamos "11 y 6" por quinta vez, a gritos, mientras te cuento que la ciudad no es tan buena, según Calamaro y Fito en algún tema.

Pero aun no lo conozco y no haz llegado, para jugar con Mafalda a la guerra nuclear...

Pero no te quedas, cuando me dan más ganas de escaparme al lado tuyo, como siempre pasa al no saber que es de tu vida y mis amigos me preguntan que es de ti, y yo me hago la tonta, para que no se note que me importas.

Justo no vienes, cuando tengo las manos y las lágrimas heladas, en un noviembre que no quiere acalorar, buscándote como loca tras el aliento de algún remís. Imaginando esa cara dulce después del trabajo, preguntando hasta al viento qué fue de ti.
Aunque no conozco Buenos Aires, sé que algún día pisaré San Telmo, me meteré en una tanguería, y Gardel estará en mi retina, por más tiempo que el que pase "con la frente marchita" rebuscando librerías y cachivaches por montones. Quizás ese día te encuentre, aunque sea un ratito, en un sueño o detrás de algún desvarío.
Por mientras te grabo mi ciudad imaginaria en el buzón de voz, en un mensaje de texto, en un correo que no envío ni enviaré. Para decir que, una vez más, terminó la noche y te recuerdo. Releí un paseo y lo edité, sonríendo más de la cuenta, con un nudo en la panza que reaparece para recordarme que te recuerdo. No suena "Buenos Aires 2001" en el winamp, pero ¿qué más da? Si todo queda en una excusa para decir tanto que no sé si sabes, que no se si sé, y que no sé si se pase.. Por si pasas algun día, para ver sin encuentro algo. A ti, a mi, a Buenos Aires, o un paseo imaginario que quedó dando vueltas por estos lados, o a una historia inconclusa que siempre tiene excusas para inspirarme y volver a querer...

viernes, 23 de octubre de 2009

¿Dónde estoy?


Qué alguien me diga si te vio pasar por la calle.
Que alguien me diga si aun respiras.
Porque yo te respiro,
porque todavía te huelo cada 11 de septiembre con más fuerza que el primero de enero.



Desaparecí hace 27 años, no me queda nombre ni ganas de que me nombren. Mi voz se gastó entre golpes y confesiones que no pude dar. Quería un Chile justo y quedé justo en el medio del dolor.Llámame Juan aunque no tengo nombre. Llámame Juan aunque ni siquiera recuerdo quien soy. Llámame Juan, sólo por nombrarme de alguna manera, si hasta mi pasado se llevaron, mi presente puede ser claramente imaginado.
Cambió todo esa mañana. Lo que más siento es no haberte dicho adiós. Quién iba a saber que no vería más tu carita. Tu cuna debe ser una cama; mi niña, toda una mujer. Tus sueños de lucha, iguales a los de tu padre.
Estoy seguro de que te contaron quien soy. Estoy seguro que algo de orgullo te queda para mi recuerdo.
Siempre recuerdo lo peor de aquél día. Esa tarde donde me llevaron. No sabía, y me obligaban a saber. Golpe a golpe tenía que confesar algo. ¿Qué era? Nadie me lo dijo. Nunca milité en ningún partido, sólo lo elegí a él, como tantos otros, para cambiar “a Chile y su destino”.Sangre en mis manos, heridas en mi alma. Democracia quebrada y uniforme que causaban espanto. Eran lobos en piel de oveja, mi padre lo había advertido.
Fueron casi seis meses “mi negra”. Hambre, frío y miedo. Cada día despertaba con esas ganas de morir, solamente eras tú lo que me impulsaba a salir de ahí.Sí, justamente de ahí. Donde ahora se juegan partidos grandes. Donde torturaron a cientos de personas, que cómo yo, no sabíamos nada. No me la pude, pero yo me la quería poder.
No viví, pero sé que vivo en tu recuerdo.
No tengo tumba, ni voz, ni gritos para legarte. Sólo mi despedida, un tanto tarde en esta carta.Desaparecí hace 27 años, no me queda nombre ni ganas de que me nombren. Mi voz se gastó entre golpes y confesiones que no pude dar. Quería un Chile justo y quedé justo en el medio del dolor.
¿Dónde estás tú? Luchando por un mundo distinto. Siéntate mi niña y escucha, aprende todo por lo que luchas. No vaya a ser que un día te lleven a ti también, igual que a mi, por no saber.

viernes, 16 de octubre de 2009

Una despedida


No hay nada más triste que escuchar a ángeles chocar mientras pasan. Solos tú y él y nada más que la nada.Cuando pasa el tiempo y las mariposas no siguen allí donde las dejaste es cuando te das cuenta de que todo se termina.Es en ese preciso momento, a las dos y media de la tarde, en que te das cuenta que encierras un muerto, y que no queda nada más que una despedida.

Sentados frente a frente no se miraban.Solos en el mundo, y el Parque Forestal repleto. Angeles chocando en un silencio perpetuo. Sin miradas, sin palabras, sin reproches y con la nada.
No había nada de que hablar, no lo hacían. No había que verse a los ojos porque ambos quedaron ciegos desde hace rato.
Ella llora, la voz de él tirita. Cómo quería abrazarla, deshojando recovecos de costumbre.
Yo los miraba desde lejos, haciendo como que leo, escondida en mi cigarrillo.

El juega con sus zapatos, ella trenza su cabello por quinta vez en dos minutos.
Ella nerviosa, él muy triste. Ellos con miedo.


Piensan sin quererlo en ese "Sí" rotundo de hace años. Castillos de arena pensados como roca. Ideales rotos por hacerlo tan ideal.
Un año de besos, dos de promesas, medio de culpas, cinco de odio.
Gritos, platos, sueños rotos. Todo se había terminado.
Ella reclama ausencias, él no la escucha porque ya está ausente.
Ella quiere huir, pero estaba retenida a su lado.
Ella quiere gritar, pero la calle la enmudece de vez en cuando.
Un beso en la frente de esos que duelen.
Un abrazo eterno, de esos que queman.
Cada uno hacia su lado, no había más que hacer, todo se había acabado, mi cigarrillo también.

lunes, 31 de agosto de 2009

Cuando las musas volvieron



Publicación doble esta noche, solamente porque regresaron...





Las musas andaban de viaje. Lo sé, porque llegaron bronceadas, cuchicheando, con regalos para todos los poetas cansados de buscarlas hasta por debajo de los muebles.
Me dio rabia, ninguna había avisado, pero al ver sus mejillas rosadas, y el álbum de fotos recién impreso, no tuve corazón para decirles que estaban castigadas.
Se sentaron a comer junto a todos nosotros. Silencio quince minutos y todo lo demás fue risa. Anécdotas y recuerdos dieron vuelta por el comedor y rápidamente los demás volaron a escribir, todo lo que no escribieron, todo lo que habían olvidado, las palabras fluían y se volvían cada vez más canción. Yo preferí quedarme sentada junto a las mías, para ver que me contaban, para ver que sucedía.

La más contenta me trajo un vestido. Echo de tul y a mi medida. Casi transparente para usarlo con camiseta debajo. De color tornasol morado, para que deje el rosado “por un color más a la moda”, según me dijo.
Me lo probé y le hizo algunos ajustes. Se reía y contaba chistes, cantaba la canción que traía pegada en la mente ese día, me hizo feliz con su regalo, me hizo dichosa su regreso.

La más triste, trajo arena adornada con conchitas y coral. Me contó que perdió un amor alrededor de una playa, y no encontró más que este regalo que él le hizo, dos noches pasadas atrás, cuando la invitó a mirar el claro de luna.
La más niña trajo un dulce a medio terminar. Le recordaba las tardes en las rocas, donde la risa y las guitarras no podían escucharse claras porque había demasiada paz. Me contó que en sus tiempos libres llevaba a su muñeca a mirar con ella el atardecer. Nunca un panorama pudo parecerle más perfecto.

La más tímida no trajo nada. Dijo que pensó en que yo no recibiría algo de sus manos. Contó que quiso dibujar un atardecer para enmarcarlo en mi cuarto, pero no se atrevió porque dibujaba mal. Le insistí en que me lo contara, y después de mucho insistir dijo que lo haría pero en voz bajita. No hubo regalo en el mundo más hermoso que el que me narró casi al oído.
Terminé de abrir los regalos y agradecer a cada una. Era hora de que se fueran a hacer su trabajo. Comenzaba a acercarse la media noche, así que abrieron las alas y se fueron a acompañar a todos los que a esa hora comenzaban a escribir. Una se quedó conmigo, creo que fue la más contenta ésta vez. Las musas habían regresado y nosotras teníamos que contarlo.

miércoles, 15 de julio de 2009

Instrucciones para antes de que te vayas...

1. Las llaves están en la cajita amarilla, en el cajón de la izquierda de mi escritorio. Por si no estoy cuando regreses, por si te urge entrar cuando nadie oye el timbre, por si te quedas deambulando por los pasillos entre recuerdos, ese mismo día en que decidamos que tus zapatos no entran más por esa puerta. Recuerda no devolverlas, son tuyas, de todos modos te voy a encontrar en cada cuarto,aunque no entres.


2. Recuerda también dejarme el número a donde vas. No hombre, no es por controlarte. Es que hay noches que me falta la inspiración. Eso lo sabes, Quizás llame y corte cuando preguntes quien es, capáz que conteste y charlemos un buen rato; quizás quede helada y la cuenta del teléfono crezca por culpa de la hora completa que me quede oyéndote respirar. Después me lanzaré a escribir. No cambiaré mi número nunca, ni por si acaso, aunque sé que no harás lo mismo.

3. Deja la billetera vacía, tu cd favorito, o tu pendrive cargando en mi computadora. Siempre es bueno un pretexto para llamadas esporádicas. Bien lo sabemos nosotros. No arruinemos esos regresos furtivos con un portazo en las narices. Nada es peor que dar algo por sentado.

4. Canta todo el mes una canción, cualquiera, la que quieras. Si es de Serrano mejor. Me gustaba imaginarte con algunos temas, todavía otros me saben a ti. Imagina lo genial que será encender la radio y mirarte de nuevo, aunque se me vaya a olvidando tu cara con el tiempo. Es tu garantía para que no te olvide, yo no quiero lo mismo. La gente dice que no soy precisamente olvidable...

5. Finalmente. Dí que es definitivo, toma mi cintura y bésame como si el mundo se terminara. Quédate en mi cama todo el tiempo que quieras. Luego vete y regresa un rato después. Qué se yo, días, horas. Procura dilatar el encuentro y quizás me encuentres intentando enamorarme de otro. Tienes tanta suerte que probablemente te esté esperando, o quizás no.

Espero que todo quede claro, si tienes alguna duda preguntala a mi regreso o dejalo anotado en este mismo papel por el reverso.
Compré pan y hay leche en el refrigerador.
Para variar se me perdieron las llaves.

Si te vas antes de que yo regrese
¿Podrías dejármelas en la maceta de la entrada?

Besos

yo :)

lunes, 1 de junio de 2009

Ese mal día..


Acordaron que a la cuenta de tres llovería más fuerte.
Que un viento bien huracanado, botaría todo a su paso.
Seguridades, calma, risotadas y uno que otro despliegue de esperanza.
Lo acordaron porque tenía que ser así, y las sonrisas aunque gratis
no son eternas. Para ellos, claro, cuyo requicito para vivir es estar tristes al menos
una vez cada mes y medio.



Un disparo en la sien o huír kilómetros de la ciudad. Eso dijo que necesitaba.
Y yo no supe si era broma, o un franco aviso suicida de su parte.
No importó y seguí caminado.

No le importó tampoco, porque nunca hubo disparo.

Tampoco un viaje de esos impulsivos y menos el mentado suicido que inventé para otro.
Tampoco hubo risa un buen rato, y es que esto de los desengaños es cosa dolorosa.
Correr y volver a jugar con muñecas, eso es lo que ellas querían al mismo tiempo,
botar el maquillaje y los tacones, y saltar libremente en medio de charcos lluviosos, con la consabida amigdalitis del día siguiente.

No hubo carrera, sí hubo resfrío,
pero culpamos esa gripe que anda en los noticieros, que sólo alcanzó nuestro barrio sin fiebre ni prensa de por medio.

Me pasó, le pasó, nos pasa y le está pasando.

Y no se trata de locura, aflicción, un sórdido cuento de Kafka o un exceso de Trova que nos vuelve a todos melancólicos en extremo, en ocasiones.
Probáblemente se trató de crecer.. de colgar los zapatitos de charol, o regalarlos a alguien con menos responsabilidades en la vida que uno.

Y es que cuando huele a desengaño, fráncamente el camino se vuelve cuesta arriba.

Por eso es que empinamos un Martini, sin batir ni revolver, algunos sábados ya no a escondidas.
Por eso nos quedamos en camas ajenas, hasta que amaneza o hasta que haya que partir a otro lado. Preferentemente la de una amiga, porque sino, eso significaría también otro problema al día siguiente..

Por eso Junio pesa tanto en ocasiones.
Porque en verano somos niños, porque todo parece simple, porque me encontrabas y te encontraba, y lo demás importaba nada.
Por eso se extraña el verano, se planean huídas
y hace tanta falta el mar.
Porque no hay peor cosa que sentir el agobio colectivo de meses lentos.

Un disparo en la sien, eso dijo que necesitaba. Y es que el desengaño es cosa seria.
Que se yo, prefiero dormir pensando que máñana no estará tan nublado.
Que cada gotita de lluvia augura un verano más cerca y más cosas por las que vivir.
No se tú, a mi no me ha costado tanto crecer.

Incluso los tacones ya se mueven con mi cuerpo y no por vida propia.
No se tú, pero prefiero que aclare dentro de mi casa,
antes de esperar que siga aclarando afuera.

Sino serán meses perdidos..

y eso sí que vale un disparo, un exceso de trova u otro golpe de oreja, a tanta melancolía sin ningún tipo de razón más que la de un mal día.






jueves, 7 de mayo de 2009

Tiempos difíciles


- Son tiempos difíciles para los soñadores – Me dijo, justo cuando había decidido dejar de soñar.
- ¿No me digas? – respondí despreocupada. – Pensé que siempre eran momentos difíciles para todo.


Se río de mí y me sentí ofendida. No tomó en serio nada de lo que dije, desde que nos encontramos hasta ese minuto. Tomé mi bolso y me marché. No hubo beso, no hubo abrazo, ni un te llamo resultó necesario.

Decidí desandar todo lo andado, mientras él, se sentó confundido.

¿Será qué siempre causo el mismo efecto? Tonta, no creas en el azar. Estas cosas son sin lógica.

Llovía, y mucho. Pasó la rabia, pasó el amor, pasaron las ganas de explicar y ya éramos los mismos de nuevo.

Regresé, y estaba ahí todo mojado. Sentado al borde de un andén con rumbo a Buenos Aires, conmigo, comiéndonos a besos casi por costumbre.

No recuerdo cuantas veces describí la escena. No recuerdo cuantas más la viví. Acortar distancias era la constante, lo noté, en el mismo minuto en que supe que ya no lo estaríamos más.

Volvió la rabia, se vino de nuevo el amor y los besos surtieron el efecto mágico.
Era mío esa noche, aunque no entendiera nada.
Yo era suya, quién sabe cuánto rato.
Aunque no quisiera explicarle nada.
Aunque no quisiera entender tampoco.
Éramos, fuimos y somos.
Somos, fuimos o éramos..
no lo sé..
Quizás nos conocemos de otra vida.
Y estos tiempos para soñar no son tan complicados como dicen por ahí.

jueves, 12 de febrero de 2009

El



Solía creer en blanco y negro, pero tuve que perderme en los matices. Fue ese mismo día, creo que mayo, puede ser junio. Quizás doce o dieciseis. Lo único claro es que eran las seis.
Frío en las manos, música "enchufada" en mis orejas. Un café a medio terminar y yo saliendo del trabajo. Calma por todos lados, menos en el Metro.¡ Cuanto odio subirme a un vagón por esas horas Punta!. Preferí caminar, como todo el tiempo cuando no hay apuro.
Solía sentarme un rato en el Forestal. Me hace bien la brisa y ver pasear a otros. Solía hacerlo sola hasta que llegó a sentarse conmigo.
Ni fuego, ni hora, ni excusas baratas. Sentado a mi lado, miraba las mismas cosas que yo. No entendí, pero me sentí segura. Quise quedarme un rato, pero el tiempo pasaba rápido, y el Metro estaría cada vez más repleto. No me despedí. ¿Para qué? No intercambiamos ni una sola palabra. Es más, no lo miré siquiera. La gente nunca mira lo que da por sentado que está a su lado.
Otro día y veinte más. Siempre sentado a mi vera, esperando quizás no se qué cosa. Con el tiempo quise hablarle, no sirvo para los silencios eternos. Le ofrecí un cigarro, aceptó. Le ofrecí fuego. Me invitó a caminar.
Fue ahí recien cuando vi su cara. No muy distinta a la de cualquier persona. Naríz promedio, cara ovalada, mucho más alto que yo. Brazos fuertes, mirada sabia, ropa azul. Sin muchas palabras, pero con las justas para que yo quisiera que ese camino no terminara nunca.
Paseamos días y noches, y todavía seguimos paseando. Le pregunto me responde, le contesto y me pregunta. Nada ha sido más perfecto.
Pide fuego de vez en cuando, se lo alcanzo con mi mano. Todavía tiemblo cuando se me acerca, y es que nunca encontré tanta magia en otros brazos. Pide cigarros, y le digo que no. Es un vicio de los feos, y no quiero que le de esa tos que me despierta cada mañana. Pide que me quede y yo me rio. Quiero quedarme como nunca antes se me ocurrió que querría. Solía creer en blanco y negro, pero a su lado nada es mucho y todo es nada. Tuve que perderme en los matices, y el gris en ocasiones como ésta, me parece perfecto.

lunes, 2 de febrero de 2009

Angeles...


Cuentan que cuando aparece un silencio, el tiempo se detiene. El ruido se calla de un momento a otro, y la gente detiene su paso, los ojos se desorbitan para el que no oye, el pecho se aprieta, se enfría y después de un rato, muere inexplicablemente.

Todo por culpa de un ángel, que lanza su flecha, la pone y la quita, se la guarda o se equivoca de corazón.

El juguetea y a todos se nos seca la boca.


Listo, se acabó. El tiempo sigue girando. El mundo avanza y el golpe de oreja aun zumba en la oreja de quien, tumbado en el piso, se quedó sin escuchar por un largo rato más.


-Anímate - le dicen los amigos- El mundo no se terminó.

- ¿Y de qué mundo me hablan?, si todo se quedó callado.


Cuentan que desde ese momento el tiempo pasa a ser distinto. Las horas son siglos, y tres minutos cuentan como un futuro incierto. Dimes, diretes, cartas a escondidas, lágrimas secas y sonrisas que vuelven a hacer escuchar. Y el angelito aquél sigue pasando y paseando, como si todo esto fuera un juego.


Todo es así, hasta que viene otro ángel. Más grande, de esos con alas doradas y timbre de voz definido. Lo toma por las alas, le tira amorosamente las orejas.

-No se debe jugar con ellos - le dice de nuevo - eso lo sabes.


El angelito solloza, ambos se abrazan, todos siguen su camino.


Una sonrisa en la tierra basta, y el mundo vuelve a girar en el sentido que debe. Eso en los casos afortunados. Cuando el silencio se tapa con miradas y consquillas en la panza.

Eso no pasa, cuando el travieso querubín dejó callado al mundo entero, presagiando lo que duele, un final y otro más.



miércoles, 22 de octubre de 2008

Desde el desierto...


La arena recorre las dunas o las dunas recorren la arena. Da lo mismo. Está todo mezclado, y las mezclas en este caso siguen siendo buenas. Avanzo y avanzo kilómetros en dos segundos. Y alguien pensó que mi estado físico se vería afectado por tanto cigarro. No los llevo de todos modos, se terminaron. Corren peligro en las noches solitarias. Como esta, en el desierto. Como esta en otros sitios. Como algunas que ya no recuerdo.
Suelo hacerlo así cuando me siento agobiada. Mochila al hombro, recados por todos lados. Que nadie llame si no es necesario, que nadie busque, porque mientras más se busca menos se encuentra. Mientras más me eches de menos mucho mejor. Los reencuentros son lo mejor de las despedidas y en este caso supongo que la excepción no aparecerá a hacer algo de burla.
Es hora de ver las estrellas, me dice ella cuando se sienta a mi lado. Arábiga como todo el oriente junto, sensual como todo el placer que me produce su compañía, cálida aún siendo distante. Solitaria y contenta, como yo.
Encuentro la mitad de un Belmont sin fumar. Cosa extraña y agradable, lo enciendo con el gas que le queda al encendedor de siempre. La misma actitud de a diario. Me siento, sonrío, no tengo nada en qué pensar, no tengo a nadie esperando con urgencia y la señal del celular se retiró a tiempo.
- ¿Sabes?, los momentos de soñar se hacen escasos. - le cuento, sin pensar siquiera si quiero escuchar respuesta.
- Lo sé, por eso te lo estoy regalando – responde con la mirada. Ella nunca dice nada.
Camino a tientas sabiendo que no estoy perdida. Se supone que debería echarte de menos, pero no. Se supone que estaría gritando como loca que quiero un regreso urgente, pero tampoco. Y es que solamente quiero ese momento, con ella, conmigo, con mi cigarro y nadie más.
La arena se mezcla conmigo, restriego mis ojos para ver y ahora sí que veo todo más claro. El sol pega fuerte por estos lados, no me di cuenta cuando se hizo de día. Quizás, mi maldita manía de esperar se hizo a un lado y me dejó al medio justamente de donde quiero estar.
Escucho, la siento, la veo, la busco. Tiene mucho que enseñarme esta noche, y las otras tantas en las que quiera encontrarme. Da lo mismo donde, da lo mismo cuando. Este momento es especial, y no pensé siquiera en perdérmelo en medio del ruido.

martes, 29 de julio de 2008

El mismo andén..

El mismo andén en otra hora. Hace más frío que hace tiempo, se me olvidaron los guantes con dedos, y esos negros largos dan estilo pero abrigan poco.
La misma hora y distintos miedos. Más palabras, menos desvíos. Quizás ya no hay mucho que perder, quizás esté más grande.El mismo abrigo rosa, el pelo mucho menos negro.¿Ves que no he cambiado tanto?

Esperaba a alguien en la estación, quizás tú hacías lo mismo por esos lados. No sé bien quien era, era de noche y la luna siempre logra embobarme.

Te sentaste a mi lado y no lo noté. Tres preguntas y volví a reírme. Temblé de nuevo, morí de frío. Quise abrazarte, y la madrugada me sorprendió queriendo lo mismo.

Pasó el tren, ese mismo que estaba a punto de tomar. No quise, me quedé un rato más mirándote. No hubo excusa de por medio, ¡A quién le importa mi hora de viaje!. Sé que puedo subirme apenas pase y me de la gana.

Me contaste que estabas coleccionando soles desde hace un rato, te mostre un par de heridas que me hice en el camino. Me solté el pelo y decidí amarrar ese momento con la cinta que lo ataba. Para que durara más. ¿Qué se yo?

Hablaste un par de cosas, no sé de qué. Me dediqué a mirar un rato más. La gente pasaba y pasaba. Maletas van, bolsos, bolsas, niños y grandes. Pasaron días, uno o dos. El tren a Buenos Aires lanzó humo y yo reí recordando cuantas veces soñé, con solo mirarlo, al lado tuyo.

Pasó tiempo, amaneció, se hizo de noche, tres o cuatro veces más. Te quedaste un rato más, te paraste lentamente y seguiste caminando. Quizás volverías en un rato, quizás no. Pero esa noche aposté que sí.

Decidí quedarme ahí un rato más. Venía otro tren en cinco minutos, preferí de nuevo no tomarlo. Ya era de noche, hacía frío. Abroché el abrigo rosa y me quedé pensando un rato más en todas las canciones que te debo, y en cómo hacerlas si todavía no toco guitarra.

(inspirado en Ismael Serrano -  Te conocí)

miércoles, 16 de julio de 2008

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¿Te parece que nos quedemos acá? A mí no, estos hostales no me gustan, pero ya que estamos aquí... ¿No encuentras que son helados?, a mí me parece que les falta luz. Las camas crujen, demasiado para ser cierto. Les falta vida, no sé. Puede ser que les faltes tú.


El caso es que entramos tocando el timbre. Doce de la noche, en algún lugar que no recuerdo. Semi borracha, semi cuerda, necesitaba detenerme. Llevo piedras en los bolsillos, no vaya a ser que algo malo nos pase. Las cosas no andan bien en esta ciudad ni en ninguna otra. No sé cuánto rato llevábamos andando, en el camino hacia alguna casa o hacia alguna historia. Apenas pagamos y nos quedamos dormidos. No, no pasó nada, por lo general es así. La gente cuenta las noches en las que sí suceden cosas, yo prefiero contar en las que no.


Ocho a.m y la resaca infernal. Abro los ojos y aprieto los puños. No sé donde estoy, solamente sé que lejos, tan lejos como ese mismo día decidí, cuando partimos rumbo a cualquier parte menos donde estabamos. Sí, habían sueños, pero esos mismos que se quedan dormidos a poco de andar. Sí habían ganas, pero las mismas que se reducen en costumbre. Sí, había amor, amor propio del verdadero, se acabó, no hubo más que hacer y yo seguí ese camino sola.


¿Vas conmigo? Tengo hambre. Le digo y sonrío coqueta al aire. Siempre hablo sola, me acostumbré cuando hablar contigo se convirtió en eso mismo. Con palabras que rebotan en el aire ¿A quién le importa verse entre dos o tres?. Salgo y llego al puerto. ¿Qué puerto será? A mí ya ni me importa. A la mierda con el hambre, saco mi armónica, miro el horizonte, comienzo a tocar. Pasa una hora, puede que dos o toda la tarde... Meto la mano a mi bolsillo, tomo esa piedra, la suelto por fin, y la lanzo en el agua. Ya no tengo nada que temer.



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