
Me dijo que no quería, que no caminaba más hacia ese lado. Que se cambiaba de casa, de teléfono, de Facebook, de planeta. Que no quedaba aire dentro de la burbuja en que vivimos, y que era posible que hasta la historia de Romeo y Julieta había terminado en algún Tribunal de Familia. Que Diego Rivera hizo bien en joder tanto a Frida y que el amor era cosa de tontos.
Tenía razón, no hubo mucho que rebatirle.
Me dijo que sí me amaba, pero que no se quedaría esperando milagros. El milagro de que yo creyera que los milagros hoy llegaban a la puerta de la casa, después de elegirlos en un catálogo. El milagro de que yo corriera hacia sus brazos a decirle cuanta burrada rosa, o quizás el de sentirme cerca siempre, y no metida en su cama pensando en alguien más.
Tenía razón, el milagro no llegaría.
Cerró el discurso, cerré la puerta. Cerró los ojos para besarme por última vez y yo lo encontré innecesario. Tomé mis cosas, sonreí burlona, mientras también me retiraba de la escena. El cuarto quedó vacío.
Tenía razón, esto se terminaba, y a mi realmente me importaba un carajo
Tenía razón, no hubo mucho que rebatirle.
Me dijo que sí me amaba, pero que no se quedaría esperando milagros. El milagro de que yo creyera que los milagros hoy llegaban a la puerta de la casa, después de elegirlos en un catálogo. El milagro de que yo corriera hacia sus brazos a decirle cuanta burrada rosa, o quizás el de sentirme cerca siempre, y no metida en su cama pensando en alguien más.
Tenía razón, el milagro no llegaría.
Cerró el discurso, cerré la puerta. Cerró los ojos para besarme por última vez y yo lo encontré innecesario. Tomé mis cosas, sonreí burlona, mientras también me retiraba de la escena. El cuarto quedó vacío.
Tenía razón, esto se terminaba, y a mi realmente me importaba un carajo


