Siempre fue radiante pero hoy lo estaba más. Cansada, entaconada y perfecta, logró caminar las cinco cuadras que separan su casa de la oficina con un nuevo aire en el rostro. Sí, éste había sido un tiempo duro, al igual que muchos, y pese a que siempre supo como controlarlos éste al parecer le había quedado grande.
Y es que la ventolera fue tal que había desordenado absolutamente todo. Su vida, su aire, su calma, sus cosas. Recuerdos y demases se agolpaban contra el piso, y el terremoto había sido tan fuerte en el piso once, donde se ubicaba su departamento, que había botado todo aquello que un día guardó. Cartas, fotografías y regalos, que con el paso del tiempo olvidó. Era necesario parar, aunque no siempre se sabe cuál es la forma correcta. Y fue ahí donde empezó el pánico.
Fue ahí donde detenerse se convirtió en una premisa que la llevó a tapiar ventanas, no sin antes refugiarse en sí misma para sacar algo en limpio. Ejecutiva como muchas, sabía que la "causa y efecto" lograban sacar de una crísis cientos de oportunidades. Dicho y hecho, esto fue aplicado y sus largas uñas de manicure perfecta comenzaron a escribir una línea.
Eran las tres de la mañana y comenzaba su tarea. Sentada frente al ordenador, no hacía más que llorar. El desorden de su casa no fue un impedimento para realizar la tarea desde hace tantos años pospuesta. Era el tipo de momento de esos que, cuando llegan, no aceptan excusa que valga con tal de comenzar.
"Querido papá..." empezó escribiendo, para comenzar a vomitar sentimientos en una pantalla. Dolor, desamparo, tristeza y viejos recuerdos fueron dando vida a una hermosa carta que él ya no leería. El había partido hace varios años, pero ese ejercicio logró hacerla sentirlo aún tan cerca como antes.
Cinco de la mañana, la carta estaba terminada. Fue entonces que con los ojos hinchados y pañuelos desechables repartidos por todo su escritorio sonrío. Tomó su computadora, la cerró y fue en busca de pala y escoba. Limpió todo con su rapidez característica, armó una maleta y echó todo lo necesario. Escribió un correo electrónico a sus jefes y miró hacia el cielo confiada. "Quizás es momento de caminar", dijo. Tomó la mano de su padre, como cuando era pequeña, abrió la puerta y salió.
viernes 17 de febrero de 2012
sábado 4 de febrero de 2012
lunes 2 de enero de 2012
Vuelvo
Dos de enero y vuelvo a escribir como nunca debí haber dejado. Será porque es verano, porque tengo algo de cansancio, o porque un dejo de tristeza siempre asoma por estos lados en esta fecha.
Dicen que escribo bien, sobre todo cuando el alma se me estruja. Hace calor y hace un poco de frío, mis manos me queman y mis yemas pasean heladas por el techado. Son lo único frío por estos lados, helar mi corazón es inútil, aunque lo intento él está hecho de puro fuego.
Helar el pasado siempre sirve, hasta que encuentras inspiración cuando el verano derrite un poco de ese hielo.
Y es aquí cuando vuelvo, que mi alma se estruja un poco. Me recuerda cuanto me falta y me asusta con épocas añejas. No soy yo, es ese mapa que se me perdió algún día y hoy encuentro empolvado. No soy yo, son los fantasmas que se van de vacaciones y están revolviendo todo el lugar, para empacar las maletas que decidieron llevarse. No soy yo, o quizás así lo sea, estoy algo programada para volver de vez en cuando.
Pasa que el tiempo pasa y que las hojas de otoño ya no están porque es enero. Que las flores se marchitan de calor quemante, y en la espera de una brisa, en ocasiones el pecho se aprieta de melancolía.
Pasa que cuando te quiebras, solamente el tiempo compone la fractura. Y cuando la miras mediante algún microscopio, queda siempre aquella marca que te indica donde fue el golpe de oreja.
Porque vuelvo es porque quiero, pegar un poco en estas líneas de lo que fui y ya no estoy siendo. Repasar fotos añejas para luego remodelar mi alma y pintarla de los mismos colores brillantes con que pinto mis uñas. Dejar atrás el gris es cosa difícil para una chica como yo. Dejár atrás la risa es imposible , y es que estoy dibujada con ambos matices que se hacen uno.
Y es que vuelvo y pretendo volver a menudo. Porque el alma se me hiela cuando no escribo. Porque entendí que no importa una ausencia ni una presencia, sino que es el aire el que tiene que traer sus letras. Para olvidar recordando, porque sino no es olvido. Para llorar cantando, para que el camino haya valido la pena.
Y hoy, que es dos de enero tengo el alma un poco compungida. Así que me siento frente al teclado y decido que es momento para volver durante un rato.
domingo 8 de mayo de 2011
Ella...
Ella es tan dulce como lo más dulce que existe en el mundo, aunque un poco dura cuando debe serlo. Todavía juega, y me recuerda que debo hacerlo, adivinando dibujos en las nubes, o persiguiendo mariposas blancas en un jardín que sueña tener, algún día, repleto de angelitos.
Ella es tierna pero firme y un poco terca. Nunca encontré mejor mezcla entre miel y fortaleza.
Es una niña que se ríe de las cosas más simples, capaz de deshacer los problemas, poco a poco, con solo mirarlos.
Se taima fácil, pero aguanta todo. Y es capaz de pasar horas completas esperando un abrazo de vuelta, en silencio después de una pelea.
Saca lo mejor de mí porque me quiere, y si yo no la quisiera tanto, en ocasiones quizás terminaríamos matándonos.
Me cuida como su tesoro más preciado, y sin ella te juro que yo no vivo.
Porque es mi amiga y mi soporte. Desde la sopa de pollo cuando estoy enferma, hasta el abrazo más firme en los momentos duros.
Porque me enseña a creer todos los días, que el rencor realmente no existe cuando el amor es más grande que cualquier drama momentáneo.
Es el corazón más puro que conozco, y el más valiente, que me enseña calladito, sin siquiera saber lo mucho que aprendo paso a paso.
Porque es la mujer que yo más amo en esta tierra. La que aun me hace sentir un bebito y de la que no quisiera separarme nunca.
La que orgullosa de lo que escribo, me impulsa a cumplir montones de sueños, que poco a poco se materializan y que son completamente dedicados a ti.
Porque eres mi mamita, porque te amo y hoy es tu día.
Porque en este, mi idioma para decir las cosas, quiero desearte el mejor de los días, porque tú me regalas desde hace 27 años la más hermosa vida.
sábado 19 de marzo de 2011
.
Aparece en sueños o pesadillas, dependiendo como se mire, la cosa es que toda cosa termina teniendo un final. Nada es para siempre y todo va mutando a medida que los años caminan por el calendario. Así es como se pasan hojas, así es como uno va aprendiendo, así es como se ponen los puntos finales.
Y yo me pregunto en esta noche desvelada, si es que el cuento fue real o imaginario. Porque de tanta imaginación, en noches con esta enorme luna, llego a ver unicornios paseando por mi patio, hadas recordándome que los sueños se cumplen y oráculos con los más brillantes destinos. Todo pasa en mi ventana, todo pasa en estas noches.
Aparecen también finales amargos, o más bien sus recuerdos. Para enseñarme, o para recordar que me enseñaron. Para hacerme entender que hay cosas que ensuciaron los vestidos de princesa, que lentamente fui colgando después de haberlos lavado de tanto barro acumulado. Apareces tú, para que yo me despida y te desee, con un beso en la frente, todos los parabienes que no pude en alguna otra ocasión. Con la esperanza de que lleguen a destino, para que sepas que fuiste importante aunque ya caminemos hacia otros sitios.
El punto final espera ansioso, para ver si alguna cuota de nostalgia se extiende entre estas líneas. Si es que me arrepiento de tanta madurez y digo algún disparate como que te extraño. No, eso ya no es posible. El tiempo destinado terminó en el destino de trazar mejores rutas.
Aparecen finales más dulces además, y comienzos que ni yo misma me esperé. Hoy que las cosas cambian, hoy que el dolor no duele, hoy que el orgullo se hizo a un lado para volver a escribirte algunas líneas.
El punto final se acerca despacio y lentamente se posa al final de esta oración. Terminado, cerrando, rompiendo el desvelo de una noche de luna como ésta, dándome el completo permiso de comenzar en otra hoja una que otra historia donde nada de lo descrito aparezca una vez más.
domingo 13 de marzo de 2011
Que hasta el silencio se quede callado
Contaron hasta tres y pararon ese ruido. Como una broma, un experimento, o el presentimiento porfiado de que algo bueno saldría de ello. Carcajadas que estallaban en silencio, y ansiedad descontrolada por saber que sucedería. Nunca antes hubo fenómeno semejante en la historia.
Apretaron un botón, y raudamente el ruido se fue callando. Una a una las luces se apagaron, los semáforos no funcionaron, las bocinas de los autos quedaron mudas. Los perros no ladraron asustados, fascinados quizás por el espectáculo que comenzarían a presenciar.
Estrellas que brillaban exuberantes, y una luna llena tremenda, que lucía con más fuerza, para que no fuera necesario achinar los ojos para mirar.
Fue de noche, a las diez. Un viernes como todos los demás, cuando terminaba un verano igual a todos los veranos anteriores.
La gente quiso encender su celular, pero toda batería estaba muerta. Los laptop no funcionaron, y ni hablar de los teléfonos públicos, cada vez más escasos en las principales avenidas. La gente quiso encontrar una emisora de radio, que explicara lo que estaba pasando, pero ninguna lograba conectar. Era el día más especial, era el día de quedarse callados.
El cielo se nubló y los ángeles empezaron a llorar. El Dios del trueno tronó en silencio y cayeron máscaras, miedos y carcazas.
La gente comenzó a correr despavorida. El silencio asusta y el recuerdo que trae por añadidura, mucho más.
Comenzó a escucharse soledad y promesas rotas, los sueños que no se cumplieron. Se oían en silencio las oportunidades que dejó pasar ese hombre de terno y corbata, al unísono con los amores rotos de esa muchacha de tacones rojos. El miedo a perder, el terror a ganar.
Todos huyendo, encerrados, agobiados. Nadie quiso escuchar, pero la nada siempre tiene alguna cosa que decir.
En un segundo paró la lluvia, comenzó el ruido una vez más. Las luces se encendieron, y quienes gritaban despavoridos retomaron su rumbo con normalidad. Conversaciones iban y venían, el vacío regresaba y la verdad se iba esfumando.
sábado 12 de marzo de 2011
Hace rato que no hablo por hablar. No porque no tenga cosas para decir, pero es que el corazón se me anduvo secando un poco...
Creo que necesito más playa, cosa atroz, porque no tengo la valentía suficiente como para ir a pasear por mi amado Borde Costero, que hoy en día se está volviendo un poco lunático, con el paso del tiempo..
Hoy, prefiero quedarme acá a invitarlos a un nuevo rinconcito.... que se llama
http://espaciosconluz.blogspot.com/
Podremos encontrarnos por los dos lugares...
por mis cuentos, y por un cielo que hace un tiempo descubrí.
Creo que necesito más playa, cosa atroz, porque no tengo la valentía suficiente como para ir a pasear por mi amado Borde Costero, que hoy en día se está volviendo un poco lunático, con el paso del tiempo..
Hoy, prefiero quedarme acá a invitarlos a un nuevo rinconcito.... que se llama
http://espaciosconluz.blogspot.com/
Podremos encontrarnos por los dos lugares...
por mis cuentos, y por un cielo que hace un tiempo descubrí.
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